Por León Quirarte | Bitácora Política
Hay una frase que esta semana quedó flotando sobre la política guanajuatense: ”¿Desde cuándo una auditoría es persecución política?”
La pregunta no la hizo Movimiento Ciudadano.
La hizo el PAN.
Y la respuesta llegó un día después de voz de la propia Alejandra Gutiérrez.
El Congreso del Estado vivió una de las sesiones más ríspidas de los últimos años. Morena, PAN y Movimiento Ciudadano convirtieron la tribuna en un auténtico ring. Ya no se discutía únicamente una auditoría; lo que estaba en juego era la narrativa de quién persigue a quién.
Mientras la mayoría aprobó una auditoría integral a la administración de León correspondiente al periodo 2022-2026, también rechazó ampliar la revisión al sexenio del exgobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, decisión que dio argumentos a Movimiento Ciudadano para acusar un trato desigual.
La respuesta de Alejandra no tardó.
Acusó violencia institucional, persecución política y el uso del Congreso como herramienta para atacarla desde que abandonó el PAN. Aseguró que no le teme a las auditorías, pero sí al doble discurso de quienes —dijo— se niegan a revisar a otros gobiernos.
El argumento tiene lógica política.
Pero también tiene memoria.
Porque la propia Alejandra Gutiérrez construyó buena parte de su trayectoria exigiendo auditorías, señalando irregularidades y reclamando revisiones cuando los gobiernos cuestionados eran otros.
Entonces las auditorías eran transparencia.
Hoy son persecución.
Y ahí aparece la contradicción que el PAN no ha dejado pasar.
No significa que la alcaldesa tenga razón o no en denunciar un uso político de las instituciones.
La política mexicana está llena de auditorías selectivas.
Pero tampoco puede ignorarse que fiscalizar el uso de recursos públicos forma parte de las atribuciones del Congreso y de los órganos de control.
El verdadero problema quizá no sea la auditoría.
El verdadero problema es la confianza.
Porque nadie cree ya que las instituciones actúen completamente alejadas de los intereses políticos.
El PAN asegura que simplemente está haciendo su trabajo.
Movimiento Ciudadano sostiene que la auditoría apareció únicamente después de que Alejandra abandonó el partido.
Y ambas versiones encuentran eco en distintos sectores.
Mientras tanto, la ciudadanía observa otra cosa.
Ve un Congreso convertido en campo de batalla.
Ve a los partidos utilizando las auditorías como bandera política.
Y ve cómo la rendición de cuentas termina mezclándose con la disputa electoral rumbo a 2027.
Quizá el dato más revelador de toda la semana no fue la aprobación de la auditoría.
Fue la velocidad con la que todos dejaron de hablar del fondo.
Ya casi nadie discute los contratos, las empresas observadas o el destino de los recursos públicos.
Ahora todo gira alrededor de si existe o no persecución.
Y cuando la discusión cambia del expediente al discurso, normalmente alguien está ganando políticamente.
Pero no necesariamente está ganando la transparencia.
Porque las auditorías no deberían servir para vengarse de los adversarios.
Pero tampoco deberían desacreditarse únicamente porque ahora apuntan hacia uno mismo.
La congruencia, en política, también se audita.












